Socorro Arenas, de La Mancha a los Goya: “Me enorgullezco del nivel gran cultural que tiene la gente de mi tierra”

Socorro Arenas, actor y figurante natural de Socuéllamos, llega a los Goya a sus 62 años de edad cargado de ilusión. El cortometraje documental “Figurante”, dirigido por Nacho Fernández y protagonizado por Socorro Arenas, ha sido nominado a los premios Goya del 12 de febrero de 2022. En él, Socorro Arenas realiza un papel biográfico en el cual hace hincapié en el orgullo y la importancia de ser figurante, rindiendo así homenaje a sus compañeros del gremio.

Socorro Arenas nació en la década de los sesenta en Socuéllamos, (en plena Mancha,) y ya desde pequeño quiso ser actor. A pesar de ser una pequeña población sin tantos recursos formativos como podría tener en una gran ciudad hay que tener en cuenta que pertenece a La Mancha, cuyos habitantes destacan por sus personalidades fuertes y abiertas, y esto, sin duda, ayudó a que pudiera formarse en lo que era su vocación. De joven perteneció a dos grupos de teatro, “Escombros” y más tarde “Esperpento”, en los que comenzó su formación, y que, gracias a las ayudas de las diputaciones manchegas, pudo ampliar. Trabajó con Antonio Rivera, al que consideraría más un profesor que un director dada la ayuda que le prestó.

Pero Socorro, ante la falta de trabajo y que estaba formando una familia, tuvo que mudarse a Madrid y dejar de lado, temporalmente, su sueño y su tierra. Tras la crisis en 2008 y los problemas económicos que con ella vinieron, decidió, a sus 48 años, retomar su pasión, esta vez preparándose para estar delante de las cámaras en lugar de un escenario, y así es como empezó a aparecer de figurante en diversas obras. A partir de este punto, se desarrolla la historia que se cuenta en el corto “Figurante”, cómo lo vive y lo orgulloso que está de ello, poniéndole toda su alma aunque fuese “solo” esa persona que sale difuminada de fondo, pues para él, el rol de los figurantes es tan importante como que sin ellos no habría contexto y empobrecería tanto la calidad como la comprensibilidad de la obra. Y así es como llega a los Goya de 2022, con tal ilusión por la nominación y tal orgullo por su trabajo que salir ganador ya no es lo que importa.

Ahora este socuellamino nos da dos lecciones de una sola vez: que nunca es tarde para luchar por lo que quieres ser y conseguirlo; y que las películas sin esos figurantes a los que nadie presta atención ni apenas valora, son realmente importantes para el cine. ¿Quién podría dar lecciones de dos en dos y cumplir su sueño todo a la vez? Un manchego tenía que ser.

¿Cómo empezó su carrera?

Mis inicios comenzaron desde párvulos, cuando por vez primera subí al escenario: ya entonces Antonio Rivera y José Luis del Coso estuvieron dirigiéndome en dos grupos de teatro en Socuéllamos. Ya tenía el gusanillo y la vida me llevó a no ocuparme de ello hasta que hace trece años, por circunstancias, uno de los caminos que no quería perder me hizo tener la experiencia de actuar ante la cámara. Comencé por la figuración, por eso de entrar la pata en este mundillo, y me lo tomé como ir a clase: aprender, coger los ritmos, las sintonizaciones, la forma de actuar ante la cámara… y hasta ahora.

De lo más orgulloso que se siente, ¿de qué es?

De todo. Hace unos días me hicieron la pregunta de cuál era mi director preferido, y no tengo director favorito, porque todos ellos son maestros para mí. Como sensación, son todas tan distintas, y si quieres sacarle jugo a cada situación lo puedes hacer. Son todas ellas nuevas experiencias y nuevos personajes, con nueva gente que conoces. Y la satisfacción de que me hayan elegido ahora es tremenda, sin duda.

Y de los personajes con los que ha trabajado y está trabajando, ¿con cuál se quedas?

Me han encantado todos, tanto cuando estuve haciendo de hipocondriaco en el Teatro Luchana, como cuando he hecho de cura en un corto que no se terminó… todas las experiencias han sido nuevos mundos y sensaciones únicas. No tengo ninguno señalado. Todo rodaje tiene su sentido.

¿Cómo se creó el corto?

En principio, la idea surgió de Nacho Fernández, que es director de spots publicitarios. Poco a poco se nos fue reconociendo y se iban fijando un poco más en la figuración de nuestros rodajes hasta llegar aquí,

¿Qué fue lo primero que pensó cuando le hablaron del Goya? ¿Qué le pasó por la cabeza?

Más que contento, me sentí raro, como en tensión… lo primero que se me pasó por la cabeza fue un alegrón enorme. Cuando ha ido pasando el tiempo, te das cuenta que fue una realidad que se ha ido acercando. Pongo la comparación de cuando te vas a un parque de atracciones y ves la lanzadera, y dices que vas a probar y luego va subiendo… y la adrenalina sube. Esto es lo mismo. Y el importante no soy yo, sino el equipo: toda la gente del equipo es encantadora y con una misma onda de lo que se quería transmitir, que es la importancia de la figuración. Me culpo a mí mismo: hasta que no estuve un tiempo en la figuración, no me di cuenta de lo que realmente significa. Como cualquiera, he sido y soy espectador; cuando veo una película, me fijo (y nos fijamos) en la acción, pero no nos damos cuenta de todo el movimiento que ambienta esa acción, sea de terror o cómica. Y los mismos espectadores tienen que darse cuenta del trabajo que hay detrás.

¿Qué le inspira la Mancha?

Lo que más me ha inspirado La Mancha es su gente: somos muy campechanos, y el tema cultural, está muy fomentado en la mayoría de los pueblos, ya sean actividades tanto deportivas como cualquier tema que sea arte. Todo eso es bonito. A la larga, es una inversión muy útil.

¿Qué reclamas ante la Administración para el mundo de la cultura?

Que desaparezcan las posiciones políticas en cuanto a cultura. Aquí hay que formar a nuestros jóvenes, a nuestra infancia, y a corto, a medio y a largo plazo va a tener sus frutos. En mi época de juventud si Antonio Rivera y José Luis del Coso no hubieran estado, a lo mejor no me encontraría en esta situación.

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