Las joyas que embellecen los campos de Tomelloso

La vida del agricultor transcurre en el campo, a ello se dedican, de ello viven y, antiguamente, en él vivían. Ahora es habitual que los agricultores se desplacen desde su vivienda hasta las tierras que cultivan para iniciar su jornada, pero antes los transportes no estaban tan desarrollados y muchos labradores se tenían que quedar durante la semana en las tierras después de terminar su jornada. Fruto de esta necesidad comienzan a edificarse construcciones en el campo con piedra seca que hacían las labores de refugio y de vivienda como los populares chozos.

En La Mancha, más en concreto en Tomelloso, a mediados del S.XIX se empezaron a extender los cultivos de la vid y con ello aumentó la carga de trabajo. Muchos agricultores ya no podían ir y venir desde Tomelloso hasta los cultivos en el mismo día y comienzan a construir unas edificaciones muy peculiares: los Bombos.

¿Qué es un Bombo tomellosero?

Los Bombos que construían los agricultores siguen todos la misma arquitectura: es un edificio de forma circular que está construido utilizando las piedras de la zona (lajas o lanchas) apiladas una encima de la otra sin ningún tipo de argamasa. Estos Bombos, que también eran utilizados para dar cobijo a los animales y guardar las herramientas propias de la faena del agricultor, se comenzaban a construir haciendo una zanja redonda de unos 40 centímetros, en ella amontonaban las piedras más grandes formando dos muros paralelos y con eso contruían los cimientos; una vez estaban los dos muros hechos se rellenaban con piedras más pequeñas y daba la impresión de que era uno solo. Cuando los muros tenían una altura de un metro y medio, aproximadamente, comenzaban a construir la falsa cúpula utilizando piedras cada vez más pequeñas según se iban acercando al eje. La hilada final terminaba formando un anillo de pocos centímetros de apertura que cubrían con una piedra gruesa.

Una vez cruzamos la puerta, en el interior de los Bombos podemos encontrar la chimenea que utilizaban para el fuego, los poyos para el descanso, las hornacinas que hacían las veces de alacena, estacas clavadas en las paredes o ganchos donde se colgaban los aperos al terminar las faenas en el campo y una zona de cuadra para cobijar a los animales.

Riqueza paisajística

Los Bombos están repartidos por todo el término municipal de Tomelloso y, una vez dejada atrás su principal función de cobijar a los agricultores, los labradores tomelloseros han dejado como legado unas joyas arquitectónicas que decoran su paisaje rural embelleciéndolo y enriqueciéndolo. Su visita está incluida en la Ruta del Quijote, que está declarada como Itinerario Cultural Europeo, y la singularidad de estas construcciones fue acogida con gran interés por los participantes del I Congreso de Arquitectura Rural en piedra seca y solicitaron a la UNESCO que los bombos fuesen declarados como Patrimonio de la Humanidad.

Para conocer más acerca de estas peculiares construcciones te recomendamos que consultes el libro publicado por Lorenzo Sánchez López “El bombo tomellosero. Espacio y tiempo en el paisaje” en el que se profundiza sobre su historia y arquitectura.

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