Cañas Reillo: “El paisaje y la luz de La Mancha conforman un espacio único para un artista”

José Manuel Cañas Reillo nació 1967 en Campo de Criptana y con ocho años ya empezó a dibujar y a pintar en la Escuela Municipal de Dibujo y Pintura de Campo de Criptana. Desde entonces, su carrera como pintor y como investigador fue en ascenso, como nos narrará, y ahora es uno de los más reputados nombres de la cultura criptanense y de la comarca, además de investigador del CSIC –Consejo Superior de Investigaciones Científicas-. Por ello, es un nuevo protagonista de Nación Mancha.

En primer lugar, háblenos de su trayectoria como investigador.

Desde siempre me ha interesado la filología bíblica, aprender lenguas e intentar aprender otras culturas, por eso estudié filología clásica y luego filología bíblica trilingüe. Luego, me doctoré en filología latina y me diplomé en lengua copta. Con esta base, accedí al CSIC, donde soy científico titular, y entre otras cosas, mantengo una línea de investigación de crítica textual y edición de textos bíblicos en griego, latín y hebreo.

¿Y como pintor?

Desde 2001, empecé a exponer de forma regular, hasta la actualidad. He realizado exposiciones en el extranjero, sobre todo en Alemania, y trabajo con varias galerías de arte españolas. Mi estilo es difícil de calificar. Algún crítico ha dicho que se puede definir como el Fauvismo Mediterráneo, que puede que sea lo más apropiado: soy yo el primero que tiene la dificultad para definir cómo pinto. Es una pintura de colores muy puros, muy limpios, con mucha fuerza. Pinto paisajes en exclusiva, y gran parte de lo que pinto es de nuestra zona, aunque también de los años que viví en Alemania o en Madrid. De Ruidera pinto muchísimo.

¿Qué más le gusta pintar de La Mancha?

Ruidera, sobre todo.

De nuestro pasado manchego, ¿cuál cree que es la etapa más importante o que más calado tiene?

Yo creo que hay dos momentos: el primero, el de la llegada de los molinos de viento en el siglo XVI, lo que da forma a la economía de toda la zona y define todos los aspectos sociales y económicos del lugar; el segundo, la llegada del ferrocarril a mediados del XIX, lo que da un gran impulso a la economía del vino, algo fundamental.

¿Cómo ve La Mancha en la actualidad?

Creo que es una zona que ha tenido grandes avances, el peligro que hay es que no se conserve debidamente el patrimonio, porque muchas veces el progreso se lleva por delante el patrimonio cultural e histórico. Y no solo hablo de edificios, sino de paisajes. Uno de los valores fundamentales de una tierra es el paisaje, y si éste se pierde o deteriora, perdemos casi todo. Uno de los grandes errores que se comete al a hora de vender La Mancha desde el punto de vista turístico, es que se hace demasiado hincapié en bienes inmuebles y se deja de lado el valor paisajístico que tiene La Mancha.

¿De qué forma puede resurgir o hacerse más fuerte la identidad manchega?

Primero habría que definir qué es la identidad manchega, si es una forma de ser o de pensar. Pero creo que está muy vigente. El hecho de no vivir un aislamiento, atenúa mucho estas características. La cultura y lo que La Mancha ha proporcionado a la cultura y al arte, es el puntal de esa identidad, y eso se ha dejado ver a lo largo de la historia. La primera identidad manchega se deja ver en El Quijote y luego en autores como García Pavón, en novelas fantásticas que reflejan muy bien La Mancha, o en el arte de tantísimas personas que han dejado su huella.

¿Cuál cree que es la tecla para atraer a los jóvenes a conocer nuestro pasado?

Yo creo que la juventud tiene que pensar en la formación como etapa fundamental en la vida, y para formarse hay que salir y ver mundo. Luego, volver puede ser bueno, pero con otro bagaje y con una preparación.

En cuanto a la proyección de esta tierra, ¿la ve como tierra de oportunidad o hay que volar para ser fructífero?

Creo que hay que salir sin perder las raíces, hay que ver qué hay fuera, hay que aprender de otros para ver cómo hacen las cosas. El problema es que a la vuelta no están siempre las mismas oportunidades. Falta mucha iniciativa privada. No todo puede ser público.

En otro plano, ¿qué crees que es lo mejor que transmite esta tierra para un artista?

El paisaje y la luz. Es única. Siempre que recibo visitas de amigos de Alemania o de Estados Unidos, siempre vienen a La Mancha a disfrutar de su luz. Es lo que más les llama la atención.

¿Qué posibilidades reales hay de desarrollarse profesional y culturalmente en La Mancha?

Dependería mucho de los ámbitos. En el cultural, que es el que yo conozco mejor, falta la base primordial, que es la iniciativa privada y un mercado libre en el arte. Hay un exceso de burocracia, todo son trabas para las iniciativas privadas. Tenemos un ejemplo muy bueno, que es una galería de arte como Marmurán de Alcázar, que es algo único. Ese modelo tendría que salir a muchas otras zonas.

¿Cómo ve la despoblación de muchos espacios rurales en nuestra tierra desde su punto de vista y qué solución se le podría dar a ello?

Durante varios años estuve haciendo un proyecto de epigrafía en pueblos de Cuenca, y era desolador ver lugares casi despoblados. Cuando un pueblo se pierde, se pierde un sistema de coordenadas irrepetible: modo de habla, contextos, patrimonio cultural e histórico… y lo primero que habría que hacer es poner estas zonas en igualdad de condiciones con las zonas urbanas, facilitando las comunicaciones. Y la salvación para ello en la actualidad creo que es es el teletrabajo. Se ha demostrado que con el teletrabajo ha habido muchas zonas rurales que se han revitalizado, y es muy importante que se potencie.

¿Cómo ve el futuro de La Mancha dentro de 20 años? ¿Cómo crees que serán, dentro de veinte años, las ciudades y pueblos de nuestra región?

Mi visión es positiva, pero para avanzar hay que tener muy claro el sentido en el que se quiere mejorar y si se quiere un progreso bien asentado que vaya a tener frutos a largo plazo. Hay que tener claro qué se quiere hacer. Las industrializaciones rápidas, que se pasan dentro de unos años, hay que saber asentarlas bien, mirándolas más a largo plazo. El progreso requiere autocrítica, siempre hay algo que mejorar, y el problema es saber qué mejorar.

¿Qué mensaje lanza a las generaciones futuras? ¿Por qué quedarse aquí?

Creo que en un mundo con tanta movilidad es difícil buscar una razón para quedarse en un lugar determinado. Quedarse aquí puede ser viable cuando ha habido un proceso de formación previo, cuando se han conocido otros ámbitos, cuando se ha alcanzado una madurez profesional, y volver aquí puede ser algo positivo, pero depende mucho de las zonas dentro de la misma Mancha y de los pueblos, y de las circunstancias dentro de cada pueblo.

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